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| Repasando la lección de Alemán |
Jugando al despiste. La decisión se hizo pública el miércoles porque los rumores eran cada vez menos rumores y a los directivos del Bayern no les quedó otra que descubrir el pastel antes de que se quemase del todo, pues no en vano parece ser que llevaba en el horno desde diciembre, a pesar de que el propio Guardiola decía no saber nada durante la pantomima de gala en la que se ha convertido la entrega del Balón de Oro de la FIFA. Un nuevo discurso hipócrita a los que de vez en cuanto nos acostumbra el joven entrenador de Samtpedor, especialmente ahora que el bueno de Jupp Heynckes, del que inicialmente se nos había vendido que se retiraba a final de temporada, ha matizado cuáles eran y son sus verdaderas intenciones.
Gran club, gran ciudad, gran país. Lo de filósofo no es de mi cosecha, sino que así le llamó el macarra de Ibrahimovic cuando se oficializó que le traspasaban/echaban al Milán. Sin embargo, algo de cierto hay en el apodo si no se toma desde el lado despectivo. Pep es ante todo un genial estratega y pensador de este deporte, al que estudia con pasión y se entrega en su trabajo como pocos. Por eso no sorprende su elección, fantástica a mi juicio. Se marcha a un club perfectamente saneado económicamente y organizado con criterio en su inmenso organigrama; histórico, ganador y campeón, con tradición y peso en Europa. Gran plantilla, excelentes jugadores y buena ciudad en un país modélico en tantos sentidos. Y lo mejor es que no tendrá que soportar los esperpentos diarios de su amigo José, que dado que no habla el deutsch y que sueña con entrenar al Manchester United, jamás vivirá en esas tierras. Al menos de momento.
